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Fallo de privacidad en Firefox & Cambio de CEO en LinkedIn - Noticias de Tecnología (23 abr 2026)

23 de abril de 2026

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¿Y si te dijera que un navegador podía “reconocerte” sin cookies, y que incluso un reinicio de identidad en Tor no bastaba mientras el proceso siguiera abierto? Hoy te cuento el fallo y por qué es un recordatorio incómodo sobre la privacidad. Bienvenidos a The Automated Daily, edición de noticias tech. El podcast creado por IA generativa. Soy TrendTeller y hoy es 23 de abril de 2026. Vamos con lo más relevante del día, con foco en lo que cambió y por qué importa.

Empezamos por privacidad, porque aquí hay una lección clara: a veces el riesgo no está en “guardar datos”, sino en cómo se devuelven. Investigadores detectaron una vulnerabilidad en Firefox relacionada con IndexedDB: el orden en el que el navegador devolvía la lista de bases de datos podía convertirse en una huella digital estable durante la ejecución del navegador. En la práctica, sitios no relacionados podían correlacionar actividad entre dominios sin recurrir a cookies. Lo más delicado es que en navegación privada ese identificador podía seguir siendo el mismo incluso después de cerrar todas las ventanas privadas, siempre que el proceso de Firefox continuara vivo. Y en Tor Browser, podía sobrevivir a la opción de “Nueva identidad”, debilitando una promesa central de ese producto. Mozilla afirma que ya lo corrigió en Firefox 150 y en la rama ESR con el CVE-2026-6770. La moraleja: la privacidad no se rompe solo por grandes decisiones de producto; también por detalles de implementación que, en apariencia, no “dicen nada”… hasta que alguien los convierte en un método de rastreo.

Cambio de sillón en una de las redes profesionales más influyentes: Microsoft nombró a Dan Shapero como nuevo CEO de LinkedIn, con efecto inmediato. Shapero lleva en LinkedIn desde 2008 y en los últimos años había sido el COO. Ryan Roslansky deja el cargo pero no se va: seguirá como vicepresidente ejecutivo de Microsoft y, según se comenta, con responsabilidades adicionales conectadas al grupo de productividad de Office. Esto encaja con una idea que se repite en Microsoft últimamente: reorganizar liderazgo y ejecución mientras empuja funciones de IA en varias capas, desde herramientas de trabajo hasta plataformas sociales profesionales. Además, LinkedIn viene de reportar un crecimiento de ingresos del 11% interanual, una cifra sólida, aunque ya sin la aceleración de otras etapas. Para Microsoft, la pregunta es cómo mantener el motor de LinkedIn creciendo mientras lo integra cada vez más en su estrategia de “trabajo digital” y asistentes inteligentes.

Seguimos con IA en el trabajo, donde hoy hay dos movimientos que, juntos, dibujan una tendencia: los asistentes dejan de ser un chat y pasan a ser “compañeros operativos” con permisos, memoria y presencia en herramientas de equipo. Por un lado, OpenAI lanzó Workspace Agents dentro de ChatGPT para organizaciones. La idea es que una empresa pueda crear o elegir agentes reutilizables que trabajen entre herramientas comunes como Slack, Drive, aplicaciones de Microsoft, Salesforce o Notion. La novedad no es solo la integración, sino el enfoque de continuidad: agentes que pueden seguir tareas de varios pasos aunque la persona que los pidió se desconecte, y con controles de empresa como auditoría y reglas de aprobación. Por otro lado, Google aprovechó Cloud Next 2026 para reposicionar Chrome como plataforma “agentic” para el entorno corporativo. En vez de tratar el navegador como un simple visor, Google quiere que sea el lugar donde la IA ejecuta tareas web repetitivas con guardarraíles: confirmaciones en pasos sensibles, límites de sitios, y controles de administración para reducir filtraciones de datos. Esto también es un mensaje competitivo: si el navegador es el punto de entrada a casi todo el trabajo, quien controle ese punto puede ganar la batalla de adopción de IA sin pedirle a la gente que cambie de hábito.

Y hablando de adopción: Google también dejó un dato que retrata lo rápido que está cambiando la ingeniería. Sundar Pichai dijo que aproximadamente el 75% del código nuevo que se crea en Google ya lo genera IA y luego lo revisan ingenieros humanos. Es un salto enorme frente a cifras que la propia compañía atribuía a 2024 y 2025. Esto no significa que “la IA programe sola” y listo; significa que el cuello de botella se está moviendo. Menos tiempo tecleando, más tiempo decidiendo qué construir, revisando, integrando y evitando errores costosos. Y de hecho, esta misma semana también se volvió a discutir ese choque cultural: herramientas que aceleran tanto el “hacer” que, si el equipo no alinea bien el “para qué”, se corre más rápido… hacia el sitio equivocado.

Ese contexto ayuda a entender por qué hay una guerra real por las herramientas de programación con IA. Según reportes, Microsoft exploró comprar Cursor, una de las startups más calientes del sector, pero finalmente no presentó oferta. Casi al mismo tiempo, se conoció que SpaceX habría asegurado un acuerdo que le da derecho a adquirir Cursor más adelante, bajo una estructura que funciona como opción: o compra, o paga para mantener el acceso y la alianza. En paralelo, también circula un relato mayor: de cara a una posible salida a bolsa, Elon Musk estaría cambiando el foco narrativo de SpaceX, poniendo sobre la mesa ideas como centros de datos de IA en órbita o proyectos industriales fuera de la Tierra, y usando alianzas de IA para reforzar su historia de crecimiento. Lo relevante aquí no es si todos esos planes son inmediatos, sino lo que revelan: el software de desarrollo y los “agentes” se han convertido en una pieza estratégica, porque concentran usuarios, datos de uso y un canal directo a cómo se escribe el software del futuro.

Ahora, la parte menos glamorosa pero más determinante: infraestructura y costes. DigitalOcean publicó un análisis recordando que escalar inferencia de modelos grandes no se parece a escalar un servicio web típico. En producción, las empresas terminan negociando un triángulo incómodo: si quieres más rendimiento, sueles pagar con más latencia o más coste; si quieres respuestas instantáneas, normalmente sube el gasto en GPU o baja la eficiencia. El mensaje práctico es claro: no basta con comprar hardware y esperar milagros. Hay que medir con cargas reales, ajustar el despliegue al tipo de aplicación —no es lo mismo un copiloto conversacional que un trabajo por lotes— y asumir que la economía de la IA se gana tanto con disciplina operativa como con modelos más capaces.

Y cuando hablamos de infraestructura, Google también jugó su carta: presentó una nueva generación de TPUs orientadas a lo que llama la “era de los agentes”, separando chips pensados para entrenar modelos y chips pensados para servirlos de forma eficiente. Más allá del marketing, esto importa por dos razones: primera, porque es la forma de Google de reducir dependencia del ecosistema de aceleradores dominado por otros; y segunda, porque el coste energético y la disponibilidad de computación ya son parte del debate estratégico, no solo técnico.

Vamos a ciberseguridad nacional, porque el tono en Reino Unido se endureció. El jefe del National Cyber Security Centre, Richard Horne, advirtió que los ataques más graves que enfrenta el país están cada vez más ligados a estados, citando especialmente a Rusia, Irán y China. El aviso es que, si hubiera implicación británica en un conflicto internacional, el país podría ser objetivo “a escala” en el ciberespacio. También destacaron que el centro gestionó más de 200 incidentes significativos el año pasado, más del doble que el anterior. La idea que intentan instalar es de preparación: en un escenario de conflicto, no existe el “pagas y recuperas”, y las empresas que sostienen logística, energía o servicios críticos pueden acabar siendo parte del terreno de juego.

Cambiamos a movilidad y robótica, donde el dinero y la paciencia son casi tan importantes como la tecnología. Tesla dijo que ahora espera gastar en 2026 más de 25.000 millones de dólares en inversión, por encima de planes previos. Musk lo vinculó a ampliar fábricas y, sobre todo, a su apuesta por Optimus, el trabajo de IA y el proyecto de vehículo autónomo tipo robotaxi. La lectura para inversores es doble: si sale bien, Tesla puede reforzar el relato de plataforma de IA y robótica; si sale mal, el golpe es de ejecución y de caja, especialmente en un momento en el que el negocio de autos no atraviesa su etapa más boyante. Es un “todo a la vez” que puede acelerar el futuro… o encarecer el presente.

En el frente de robótica física, Sony AI presumió de su robot de tenis de mesa, Ace, que ya ha ganado partidos contra jugadores de élite bajo reglas oficiales, aunque todavía no domina a profesionales de primer nivel. Aun así, es un indicador interesante: deportes como el tenis de mesa exigen percepción rápida, anticipación y control motor en tiempo real. Cada avance ahí suele trasladarse, con el tiempo, a robots que interactúan mejor con el mundo, desde fábricas hasta asistencia en entornos humanos. Y en transporte pesado, Amazon cerró un acuerdo con la sueca Einride para sumar decenas de camiones eléctricos a su red de carga. Un detalle relevante: Amazon no operaría los camiones directamente; Einride los gestionaría y también desplegaría puntos de carga en varias ubicaciones. Es otra señal de que electrificar el transporte de larga distancia avanza, pero lo hace a través de modelos operativos híbridos, donde la logística busca reducir emisiones sin asumir todo el riesgo de operación y mantenimiento.

Terminamos con ciencia, con dos historias que, cada una a su manera, amplían lo que creíamos posible. Primero, investigadores mapearon redes extensas de astrocitos en el cerebro de ratón, células que muchas veces se describen como “de apoyo”, pero que aquí aparecen conectando regiones lejanas, incluso entre hemisferios. Además, esas redes cambian con la experiencia, mostrando plasticidad. Es interesante porque sugiere que hay una capa de comunicación y organización cerebral menos visible que las neuronas, y abre preguntas nuevas sobre aprendizaje y trastornos neurológicos. Y segundo, en Inglaterra, una niña de seis años recuperó visión tras recibir una terapia génica única a través del NHS, para una enfermedad hereditaria rara de la retina. Más allá del caso humano, el impacto es que refuerza algo que la medicina de precisión repite: cuando el diagnóstico genético llega pronto, las probabilidades de recuperar función —en quienes son elegibles— pueden mejorar notablemente.

Y hasta aquí el episodio de hoy. Si te quedas con una idea, que sea esta: la IA está empujando cambios a la vez en liderazgo, productos y en la base misma de internet… y, como vimos con Firefox, a veces los detalles pequeños son los que más ruido hacen. Soy TrendTeller. Vuelvo mañana con más historias que importan, sin humo y con contexto. Gracias por escuchar The Automated Daily, edición tech.